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Llevo unos días dándole vueltas sobre qué escribir hoy, tenía varios temas en mente pero, como siempre, la inspiración siempre viene en el momento menos esperado y con la cosa más simple que puedas imaginar.

Pero bueno, basta ya de tantos preámbulos y vamos al tema: no nos enseñan a gestionar las emociones.


Siempre he sido una chica muy curiosa, con ganas de aprender cosas nuevas y pendiente de todo de mi alrededor. Está muy bien todo lo que nos enseñan en el cole, instituto, en la uni… Sin embargo, y aunque no es nada revelador que diga esto, no nos enseñan ni nos dan herramientas para tratar en la vida real.

En una de estas conversaciones profundas que se tienen con amigos, me dio mucha pena saber cómo algunos pasaban malas rachas o tenían algún tipo de problema y que se sentían mal por sentirse mal.

La vida no es como en las películas, eso está claro, pero desde que tenemos consciencia nos muestran un tipo de vida perfecta en la que no ocurre nada malo. Es casi una obligación evitar problemas en lugar de enfrentarse a ellos y solucionarlos. Por eso es tan habitual, sobre todo en estas últimas décadas, encontrarse con personas que sufren depresión, ansiedad, algún tipo de fobia social, estrés, etc –hablo desde el punto de vista que lo que sabe de psicología es lo ha aprendido de Internet y de un amigo graduado en psicología-.

Hay que sentir todo. La alegría, la tristeza, el enfado, la ira y otras tantas emociones son parte de nuestra naturaleza, y querer reprimir lo que sea que sintamos en determinado momento no será otra cosa que un futuro gran problema. ¿Habéis escuchado eso de la energía no se destruye, sino que se transforma? Pues cuando se trata de “no robots” ocurre lo mismo y, acumular emociones sin transformarlas, puede ser muy peligroso contra uno mismo y contra los demás.

Mi consejo –el cual llevo aplicando durante este último año- es: EXPRÉSATE. No tengas miedo de contar cómo te sientes, tus inquietudes, tus metas… Comparte con quien tengas confianza tus “cosillas” y conduce tus malas energías hacia posible soluciones e incluso pide ayuda profesional si crees que es conveniente.

La vida está para disfrutarla –aunque suene muy Mr. Wonderful- y debemos saber que habrá mejores y peores momentos, algunos de ellos los viviremos por el azar, otros por el destino y otros por ser culpables de algo, pero de lo que nunca seremos culpables es de sentir, tanto para bien como para mal.

Ya os dejo de dar la lata y espero que aunque este post haya sido cortito, os sirva o lo tengáis en cuenta, así que ¡un beso muy grande y hasta la próxima!

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